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Mínimo Común

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MINIMO COMÚN, es una investigación que busca profundizar sobre la relación entre cuerpo y territorio.
Si observamos que cada espacio específico posee sus propias características topográficas, y hablamos de un cuerpo como territorio: ¿estos cuerpos dejan ver esas particularidades topográficas? ¿Hay particularidades de este lugar específico que compartan sus habitantes y que se manifieste en sus cuerpos? ¿Cómo se dejan ver? ¿En el tono muscular? ¿En los ojos, en sus manos?

>>¿Cómo definirías tu ciudad con una palabra? ¿Y con un movimiento? Pedir me regalen un “gesto” para dejar que su cuerpo hable y construir una danza.

MINIMO COMÚN es un proyecto de investigación nómade y una hipótesis a comprobar – en cada sitio- sobre cómo se establece y se deja ver este vínculo cuerpo-entorno. Una mirada sobre las subjetividades a través de las cuales se revela el entorno. Es una invitación a dejar que el cuerpo y su memoria nos hablen.
Cada contexto y experiencia entrega distintas informaciones, así el proyecto va cobrando diferentes formas cada vez, mostrándose flexible a experimentar diversos formatos finales de presentación.

Este proyecto fue seleccionado por la residencia MANTA, San Martín de los Andes, Neuquén en 2014; y realizado en el marco del Festival Internacional Cine Independiente FestiFreak, La Plata, Bs As en octubre de 2015.

 

MINIMO COMUN >>  LA PLATA 

“Flor deriva por una ciudad que no conoce. Sostiene que algo del entorno anida en la memoria de nuestros cuerpos, por eso los registra para luego leerlos como un texto. ¿Qué hay de común en cada uno de esos cuerpos y esos movimientos? ¿Y qué de diferente? ¿Qué cosas de la ciudad revelan? Mínimo Común es una acumulación de todos los relatos que Flor fue recolectando. De cada gesto regalado, que toma y retoma para develar su potencia performática. Una coreografía inesperada que describe un espacio y un relato posible, de una ciudad, La Plata, como cualquier otra”.

 

Fragmento del texto curatorial de Ali Valente. –

 

MINIMO COMUN >> SAN MARTIN DE LOS ANDES

Si tuviera que definir a San Martin de los Andes con una palabra sería: inmensidad.
Inmensidad como ilimitado, desconocido, fluctuante, sin nombre.
Inmensidad como contemplación de la grandeza, lo inabarcable.
Una inmensidad que va hacia afuera y hacia dentro de uno.
El poder de estar rodeados por una naturaleza imponente, por montañas que abrazan – o asfixian.
Percibir la inmensidad del bosque como un mundo sin límites donde perdernos, con un idioma desconocido.
Resonancias de esta grandeza residen en el cuerpo, bajo la piel, en su memoria ancestral.
Habitar en relación a un tiempo ajeno, natural y eterno.
Toda vez que volvemos al origen y nos precipitamos solos ante la inmensidad natural primigenia, dejando que el misterio y la maravilla agoten el impulso de darle un nombre al mundo, es que volvemos a sentirnos inmensos.

“La inmensidad está en nosotros. Está adherida a una especie de expansión de ser que la vida reprime, que la prudencia detiene, pero que continua en la soledad. En cuanto estamos inmóviles, estamos en otra parte, soñamos en un mundo inmenso. La inmensidad es el movimiento del hombre inmóvil.”
                                                                                                                                                 G. Bachelard, La Poética del Espacio.